ANTONIO MORENO
“SIGNO,COLOR Y LUZ”
Antonio Moreno es un buscador incansable, siempre en continuo proceso de experimentación. Domina el color de forma tan intuitiva y primaria que a las formas les otorga esa ambigua significancia, y que en su inconsciente urbanita haya continuas referencias tribales.
Algunas obras nos pueden recordar a Miró, Klee, Kandinsky o, incluso, a su amado Basquiat. Y es que en la pintura de Antonio Moreno los símbolos son de vital importancia. Existe una síntesis entre signo y color, en la que un alfabeto personal, compuesto de impresiones, sentimientos, anotaciones y juegos que derivan de su entorno, da como resultado final una pintura basada en lo más elemental, como es la luz, la sensibilidad y la pureza.
Por que en tiempos de frivolidad y artificio, llegar a la sencillez no es cosa fácil, y él lo consigue.
SAFI.
LA PINTURA DE ANTONIO MORENO
Adentrarse en la pintura de Antonio Moreno es sumergirse en un mundo mágico, cargado de simbolismo, en el que la fuerza expresiva y gestual de su obra nos acerca al primitivismo de los indios huicholes. Pero, al igual que ellos, el pintor, como si de un chamán se tratara , siente la necesidad de renombrar el mundo, de ordenar el caos en un acto de creación deliberado y meditado, estructurando los espacios en un laberinto iniciático, capaz de conducirnos por las entrañas del acto creativo y de enfrentarnos a nuestros propio subconsciente.
Sus colores planos nos ponen en contacto con un mundo ancestral anterior a la racionalización, en el que formas y colores no tienen intención de iconicidad, coenstituyendo un instrumento para aprehender el alma del mundo. Y así, de su mano, liberados al fin de todo rasgo anecdótico y de todo carácter superfluo, descubrimos la esencia de las cosas.
Pepa Satué
“El arte habla a la mente, no a los ojos”
(Jean Dubuffet)
Difícil de encasillar, Antonio Moreno se aleja de las normas convencionales para adentrarse en un discurso espontáneo en el que el soporte se cubre de una extensa gama de colores puros que se pasean alegres y, curiosamente, armónicos a lo largo y ancho de la superficie.
Tiene su pintura algo de música afro, de escritura egipcia de signos indescifrables, de graffiti lanzado en una vorágine de energía desatada, espontáneamente, y sincera que lo ha conducido, en poco más de dos años, de la nada al éxito en una carrera meteórica. No hay que olvidar que Antonio es un pintor tardío que comienza su devenir artístico, sin ningún antecedente, cuando en 2003 expone por primera vez en la sala del club Marítimo de Melilla, su cuidad natal. La muestra se llama “Signo, color y luz” difícilmente se podría definir mejor su pintura.
Me contaba su hermana Carmen que Antonio, mucho antes de pintar, hasta donde alcanzan sus recuerdos, no resistía la tentación de encontrarse con un papel cualquiera sin ponerse a enmarañar con sus líneas curvas o quebradas dirigidas en todas direcciones formando estrellas, espirales, serpentinas, formas que recuerdan ojos u otro tipo de órganos, iconos, en fin, multiformes y espontáneos hasta cubrir materialmente toda la blanca superficie.
He tratado de encontrar antecedentes guiado un poco por mis propias intuiciones. Así he llegado a algunas conclusiones que quizás el propio artista ignore. Hay en el autor puntos de contacto con Dubuffet, ya que ambos pintan el cuadro coincidiendo, a veces, con el mismo título: “Paisaje urbano”, en una suerte de trazos parecidos. Otra coincidencia con el francés es la gestualidad de su grafía. También el arte del melillense, si tuviéramos que encuadrarlo en algún movimiento, obedecería al llamado arte bruto, especialmente cuando ambos se refieren a las descripciones de una animada metrópolis. Conviven, por otro lado, connotaciones con cierto arte africano. En 2001 tuve ocasión de visitar en el MACBA una exposición que correspondía al nombre de “AFRICAS. El artista y la ciudad”. Es cierto que no existe un arte africano por excelencia con un denominador común, especialmente si nos salimos de la tan cacareada máscara sobradamente conocida. Por tanto, no había en la citada muestra de Barcelona nada estilísticamente semejante a la obra del pintor que nos ocupa, pero si estaba allí su atmósfera, su color, lo que podríamos mencionar como la esencia de su arte.
En su corta andadura ha habido, no obstante, cambios esenciales. El pintor, aunque esporádicamente vuelve, de vez en cuando, a sus orígenes de estudiado desorden, en sus últimos trabajos impone una armonía, un método, una disciplina que a mi juicio le favorece. Ejemplo claro seria el cuadro titulado “Paisaje africano “, del 2004 y, con más evidencia aún en el llamado “Cruces”, gestado este mismo año.
No quisiera acabar si hacer mención a la aparición de palabras en sus obras, como ocurre en el díptico “AFRICA”, donde además del vocablo que da nombre al cuadro, aparecen otros, como WHY? O el término NOVIOLENCE, uso éste que nos remite al genial Basquiat, por quién Antonio siente una especial devoción.
Un creador distinto de quien personalmente espero cotas elevadas e insospechables.
Almería, Mayo de 2005
Gines A. Cervantes Ballesta
LA PINTURA INVASORA DE ANTONIO MORENO
En la pintura disparada de Antonio Moreno hay una especie de apresuramiento inquieto, algo de imparables urgencias que impacta en el espectador desde el primer momento. También pudiera existir en los resultados de estos fuertes gestos, lo que los especialistas en los vericuetos de la psyque denominan “terror vacui”, esto es, terror al vacío, a lo “no pintado”, a las superficies del cuadro “no ocupadas”. Pues Moreno lo invade todo, no deja respirar, a propósito y con plena consciencia, a sus personajes. Porque en esta grafía bullente, gritona y vital se adivinan algo así como personajes, y también rutas, avenidas, rotondas, mapas en definitiva. No ocurría así con la obra de Pollock ( otro pintor con “ Terror vacui”, que en sus pinturas “ocupadas” regaba el soporte con impulsos informales o aformales. Moreno construye algo así como guías urbanas o mapas, con “intensidades desordenadas” o “vorágines de energía” (según las aguadas observaciones de Ginés Cervantes Ballesta, en el programa de mano, quien también emparenta el trabajo de Moreno con el “Arte Bruto” y con el francés Dubuffet.
También puede hablarse de la influencia que ejercen en muchos pintores actuales ( y en Moreno) la actividad urbana del Graffiti, y por supuesto la acracia de Basquiat. Hay mucha energía y bastante rabia apenas contenida en estas pinturas centrífugas, y casi todos los cuadros, con alguna excepción responden a un único impulso. En definitiva, aquí está la pintura libre.
ANTONIO MADRIGAL
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